¿Los mapas físicos están muertos? Aunque Google Maps, Maps.me o OpenStreetMap han posibilitado que el mundo sea un pañuelo, una pequeña parte del público viajero sigue incluyendo en su equipaje un mapa provincia Pontevedra en papel, decisión lógica considerando las ventajas que este formato sigue ofreciendo a los turistas.
Tom Heap, presentador de Countryfile, Costing the Earth y otros programas de viajes, aseguró en una entrevista a BBC sentirse como «un dinosaurio que rechaza la navegación satelital». Pero el reportero inglés da razones de peso por las que todo viajero debe tener a mano un mapa tradicional, siendo la autonomía una de las más evidentes.
«No necesitan baterías y pueden sobrevivir si les caen al agua», continúa Heap. La pérdida de la conexión con el satélite, una caída accidental o la ausencia de tomas de corriente eléctrica no dejan inservibles los mapas en físico. Esto lo convierte en un ‘salvavidas’ en zonas remotas y de alta montaña, donde permite continuar ruta o regresar al campamento base.
Desplazarse con un mapa «de toda la vida» reduce las distracciones al volante y permite navegar con menos interrupciones. Mientras que las señales e iconos simplistas de las herramientas GPS afectan negativamente a la percepción del entorno y la comprensión especial, la interpretación requiere un mayor esfuerzo y estudio, lo que beneficia a la retención cognitiva.
Determinados mapas no se limitan a aclarar cuestiones como dónde estoy o a dónde me dirijo, sino que proporcionan una experiencia más enriquecedora. Por eso Michelin, National Geographic y otros referentes siguen comercializando atlas y mapas en papel.
Para los más nostálgicos, las limitaciones propias de este formato (sin geolocalización, base actualizada de datos, impacto ambiental, etcétera) se compensan con el espíritu aventurero que evocan y con esa conexión física y táctil que se pierde con las nuevas tecnologías.