Hace un año, estaba sentado frente al ordenador con el corazón en un puño, viendo la convocatoria para un puesto que siempre había soñado. Todo encajaba conmigo, mi experiencia, mi formación, mis ganas. Pero había un requisito que me hacía temblar: el nivel de inglés B2 certificado. Fue entonces cuando empecé mi viaje en la preparación de exámenes de inglés en Santiago de Compostela, un camino que no solo me abrió puertas laborales, sino también mentales, culturales y personales que antes ni siquiera imaginaba.
Recuerdo la primera clase como si fuera ayer. Llegué con mi cuaderno nuevo, mis bolígrafos de colores y una timidez que no se me quitó hasta la tercera semana. Me daba vergüenza pronunciar mal, que mis compañeros pensaran que no sabía nada, pero pronto descubrí que todos estábamos allí con el mismo objetivo: dejar de sentir el inglés como un enemigo para convertirlo en un aliado.
Mi profesora nos repetía siempre que aprender un idioma es como entrenar para una maratón. No puedes correr 42 kilómetros si solo sales a entrenar un día cada dos semanas. Con el inglés pasa igual. Así que empecé a integrar el estudio en mi rutina diaria: veinte minutos de listening con podcasts en el coche, diez de gramática en la app antes de dormir y clases presenciales dos veces por semana para reforzar speaking y writing. La preparación de exámenes de inglés en Santiago de Compostela me enseñó que no se trata de estudiar mucho de golpe, sino de estudiar un poco cada día, con constancia y motivación.
Una de las cosas que más me gustó fue descubrir los trucos para cada parte del examen. Porque aprender inglés no es solo memorizar listas de phrasal verbs imposibles, es entender la estructura de cada prueba, practicar con simulacros reales y, sobre todo, aprender a gestionar los nervios el día del examen. Mi profesora nos hacía ejercicios de speaking con cronómetro y preguntas inesperadas para que nos acostumbrásemos a pensar rápido. Al principio me bloqueaba, pero después descubrí que cuanto más practicaba, más fácil me resultaba estructurar mis ideas y hablar con naturalidad.
Gracias a esa preparación intensiva, no solo aprobé mi examen B2, sino que perdí el miedo a comunicarme en inglés. Ahora puedo viajar sin problemas, leer artículos internacionales, ver series sin subtítulos y mantener conversaciones con personas de otros países sin sudar frío. Y todo gracias a esa decisión de buscar la preparación de exámenes de inglés en Santiago de Compostela, porque si algo he aprendido es que cuando te rodeas de profesionales, compañeros motivados y un método estructurado, los resultados llegan casi sin darte cuenta.